Noemí rellena huecos en una plantilla impresa muy completa mientras Inés retira con dos dedos una de las hojas de apoyo.
Unidad 3 · Construye el puente35 minLección 3.2
El Taller del Otro Lado

Primero te muestro; después te suelto

La plantilla de Mara era tan buena que Noemí parecía saber.

Secuencia 1 de 11La plantilla que engañaba

Mara preparó una plantilla para acompañar búsquedas y le quedó muy bien. Tenía los seis pasos, la pregunta que abre cada uno, dos ejemplos de cómo suena bien y dos de cómo suena mal, y huecos para escribir. Noemí la usó con cuatro visitantes seguidas y las cuatro salieron con lo que buscaban.

Inés miró la cuarta desde la puerta, se acercó y le quitó a Noemí una sola hoja: la de las preguntas que abren cada paso. Le dejó todo lo demás y se quedó mirando desde el mostrador de al lado.

Antes de que te cuente qué pasó, apuesta: con cinco de las seis hojas todavía delante, ¿qué crees que le ocurrió a Noemí en la quinta visitante?

Tu apuesta

Esta pantalla te lo va a dar todo

Lo digo por adelantado porque forma parte del método: durante los tres momentos que vienen, esta lección va a retirarte apoyos igual que se los retiraron a Noemí. Ahora mismo tienes el máximo: a la izquierda hay un caso resuelto entero, paso por paso y con el porqué de cada uno. A la derecha, un caso parecido para que lo armes.

Consúltalo todo lo que quieras. Consultarlo es lo que hay que hacer aquí; el mérito no es hacerlo de memoria.

Tu caso

Dos mesas paralelas en el taller: en una, alguien estudia un caso ya resuelto; en la otra, alguien intenta resolver uno desde cero.

En 1985 John Sweller y Graham Cooper hicieron un experimento que va contra el instinto de cualquiera. Dieron a un grupo problemas de álgebra para resolver y a otro los mismos problemas ya resueltos, para estudiarlos. El segundo grupo, el que resolvió menos, después lo hizo mejor y más rápido en problemas nuevos.

La explicación es de carga: quien resuelve un problema sin saber cómo se resuelve gasta casi toda su atención en buscar a tientas, y buscar a tientas no deja rastro. Estudiar una solución completa libera esa atención para lo único que importa al principio, que es ver por qué cada paso lleva al siguiente. El ejemplo resuelto no ahorra esfuerzo: lo redirige.

El hallazgo tiene dos condiciones que se omiten al citarlo, y omitirlas es lo que produce cursos de ejemplos infinitos. La primera es que el ejemplo tiene que explicar el porqué de cada paso; una solución sin razones se copia sin entenderse. La segunda es que el efecto se invierte con la práctica: para quien ya sabe, el ejemplo resuelto estorba, y es exactamente la inversión por experticia que apareció en la lección 1.2 con Noemí y Celia.

Lo que pasó con la quinta visitante

Noemí, con cinco de las seis hojas todavía delante, se quedó parada 20 segundos y después rodeó el mostrador y tomó el teclado. Con las seis hojas había atendido a 4 visitantes sin fallar. La hoja que Inés retiró no era la más importante: era la única que Noemí estaba usando de verdad, y las otras cinco le servían de decoración. El apoyo la hacía parecer competente sin hacerla competente, que es lo peor que puede hacer un apoyo, porque además impide detectarlo.

Infografía: el experimento de Sweller y Cooper con los dos grupos, lo que hizo cada uno y el resultado en los problemas nuevos.
Resolver desde cero se siente como practicar. Estudiar una solución con sus razones se siente como no hacer nada, y rinde más al principio.

Aquí ya no está el ejemplo completo

Se retiró el caso resuelto de la izquierda. Quedan tres de los seis pasos ya puestos y tienes que completar los otros tres. Fíjate en cuáles quedaron puestos, porque el criterio de qué se retira primero es lo que viene después de esta pantalla.

Tu caso

Inés retira tablones de un andamio empezando por el extremo más alejado mientras Mara señala el extremo contrario.

La palabra andamiaje viene de un artículo de Wood, Bruner y Ross de 1976, y trae dentro una propiedad que se olvida al usarla: un andamio se pone para quitarse. Un apoyo que no está previsto retirar no es andamiaje, es una prótesis, y las prótesis son legítimas cuando la persona va a tenerlas siempre disponibles en su trabajo real. La plantilla de Mara no era ninguna de las dos cosas: se iba a retirar y nadie había decidido cuándo ni en qué orden.

El orden en que se retiran esos apoyos importa mucho más de lo que parece, y hay medición al respecto. Renkl y Atkinson estudiaron en 2003 cómo desvanecer un ejemplo resuelto paso a paso y compararon las dos maneras evidentes. Retirar por el principio, dejando que la persona empiece sola y termine con ayuda. O retirar por el final, dándole los primeros pasos hechos y pidiéndole que complete el cierre. Ganó la segunda, y no por poco.

La razón es cómoda de recordar: cuando te dan los primeros pasos hechos, empiezas desde un estado que ya está bien montado y el problema que enfrentas es pequeño. Cuando te sueltan al principio, el primer paso decide todos los demás, y si lo fallas el resto del ejercicio practica sobre una base equivocada. Por eso el desvanecimiento se hace hacia atrás: se quita el último paso, luego el penúltimo, y el primero es el último en soltarse.

Ordena el desvanecimiento

Cuatro versiones de la misma práctica

Colócalas en el orden en que deberían presentarse.

Infografía: desvanecimiento hacia adelante y hacia atrás, con lo que practica la persona en cada versión.
Las dos quitan lo mismo. La de abajo deja que cada intento parta de un estado correcto.
Infografía: las cuatro versiones de la práctica, del ejemplo completamente resuelto al problema sin apoyo, con lo que la persona tiene que producir en cada una.
Cada versión retira un paso y añade uno que producir. La secuencia importa más que cualquiera de sus escalones.

Un caminante, un barandal y ocho tramos

El caminante avanza mientras haya barandal. Si lo quitas antes de tiempo se cae, y la caída además le resta destreza. Si lo dejas puesto de más, llega al final sin haber aprendido a caminar solo y el último tramo, que no tiene barandal, no lo cruza.

Barandal móvil · ocho tramos
Tramo 1 de 8

En cada tramo decides: dejar el barandal, quitar un tramo de barandal o volver a poner uno. Después el caminante cruza y ves qué le pasó, con la cuenta de por qué aguantó o por qué no. El caminante tiene una destreza que sube cuando cruza con poco apoyo y no sube cuando cruza con mucho. El último tramo no tiene barandal disponible, así que hay que llegar ahí con destreza suficiente. Con Tab se recorren las opciones y con Enter se elige.

Destreza0 ·Barandal3 ·Caídas0

Aquí no hay apoyo

Tercer caso, ningún paso puesto, ningún ejemplo, ningún orden sugerido. Los fragmentos están mezclados y algunos de ellos no sirven, aunque suenen razonables. Es exactamente la misma tarea de las dos pantallas anteriores.

Tu caso

El apoyo no se retira por calendario

La pregunta que decide es qué evidencia tienes de que ese apoyo ya dejó de hacer falta, y el número de sesiones transcurridas no cuenta como evidencia. Y la evidencia útil casi siempre es la misma: la persona ha hecho el paso sin usar el apoyo teniéndolo disponible. Ahí es cuando el apoyo se puede quitar sin que nadie lo note.

Retirar por calendario produce los dos errores clásicos. Demasiado pronto y la persona practica sobre una base rota, con lo que aprende a hacerlo mal. Demasiado tarde y la persona nunca ejecuta el paso por su cuenta, con lo que el día que el apoyo no está —y algún día no está— el desempeño se cae entero, como se cayó el de Noemí.

Cinco momentos

¿Retirar el apoyo o esperar?

La frontera

Los apoyos que no hay que retirar

Tres momentos de tu proyecto

Traes de la lección anterior un mapa de pasos con sus errores previsibles. Ahora escribe los tres momentos: qué le das entero, qué le das a medias y qué le sueltas. Y sobre todo, qué vas a mirar para autorizar cada retiro.

1
2
3

Siete decisiones, dos que vuelven

Las dos primeras traen su lección de origen marcada.

Lo que esta lección te hizo
Compromisos

Lo que vas a sostener con tu proyecto

Mara corta con tijeras su propia plantilla en tres partes y las coloca en tres montones separados sobre la mesa.

Mara cortó su plantilla en tres. La primera parte se quedó como ejemplo resuelto para el arranque. La segunda se convirtió en el caso a medias, con los tres primeros pasos ya puestos. La tercera, la de las preguntas que abren cada paso, se imprimió en una tarjeta que se quedó junto al monitor para siempre, porque en el mostrador esa tarjeta también existe.

Lo otro llegó el jueves siguiente y nadie lo vio venir. Noemí, que ya cruzaba sola con visitantes parecidas, se quedó parada delante de una petición que no se parecía a ninguna de las que había practicado.

—Cruza sola, sí. Pero solo por donde ya cruzó. Siguiente lección · Aprender hoy y poder usarlo después