Anderson y Krathwohl revisaron en 2001 la taxonomía que Bloom había publicado en 1956 y la dejaron en 6 niveles ordenados por lo que la persona hace con el conocimiento: recordar, comprender, aplicar, analizar, evaluar y crear. La revisión sirve para una cosa muy concreta en este oficio, y no es clasificar preguntas de examen.
Sirve para detectar un error que ninguna revisión de estilo encuentra: un destino con verbo observable, condición y criterio, que aun así pide un nivel distinto del que exige la tarea real. Reconocer la definición correcta de préstamo interbibliotecario está en el primer nivel. Decidir, delante de una visitante con una petición ambigua, si conviene un préstamo interbibliotecario o un recurso local, está en el cuarto. Enseñar el primero y evaluar con el segundo es la ruptura más común del oficio, y a simple vista los dos destinos se parecen mucho.
La taxonomía tiene un uso legítimo y varios abusos. El uso legítimo es este: comparar el nivel que pide tu destino con el nivel que pide la situación real donde la persona va a actuar, y arreglar la diferencia. Los abusos empiezan cuando se convierte en una escalera obligatoria por la que hay que subir peldaño a peldaño, o en un cuadro de verbos permitidos del que se elige uno para que el documento se vea profesional.